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Epidemias en la Historia Argentina


La historia de la Humanidad está jalonada de guerras y plagas. A la Argentina la comprenden las generales de la ley. En tiempos de la conquista hubo epidemias causadas por agentes patógenos desconocidos en estas tierras; como el de la viruela, que causó estragos entre los pueblos originarios. Se controló a principios del siglo XIX cuando comenzó a aplicarse la vacuna de Jenner. Durante la guerra de independencia muchos integrantes del ejército patriota que operaba en el Alto Perú enfermaron de malaria o paludismo (también llamada fiebres tercianas), una patología que provoca fiebre alta y vómitos. El general Manuel Belgrano la contrajo. La guerra del Paraguay trajo consigo epidemias de cólera y fiebre amarilla La epidemia de cólera de 1867 y 1868 cobró miles de víctimas, entre ellas el vicepresidente de la Nación Marcos Paz, cuando la salud pública aún no era parte de la agenda. La epidemia de fiebre amarilla que se declaró en 1871 pegó fuerte en Buenos Aires: en pocos meses causó 15.000 muertes en una ciudad que tenía 180.000 habitantes. La situación se ocultó para no arruinar los carnavales y cuando tomó estado público, la psicosis colectiva que se desató dio lugar al éxodo masivo de las familias más pudientes que dejaron sus viviendas para trasladarse a la zona norte. Incluso el presidente Sarmiento abandonó la ciudad, una actitud muy criticada. Para suplir la ausencia oficial se formó una Comisión Popular de Salud Pública. La epidemia castigó con fiereza a las capas bajas de la población, la mayoría inmigrantes, que vivía hacinada en conventillos en pésimas condiciones de salubridad. El famoso cuadro de Juan Manuel Blanes refleja con crudeza la dramática situación que se vivía. Una nueva epidemia de cólera en 1886 se extendió a varias provincias donde causó numerosas bajas, especialmente en Mendoza y también en Córdoba. En 1900 la peste bubónica importada del Paraguay y trasmitida por las ratas asoló el país, aunque se logró controlarla. Recién en 1902 se dictó la primera Ley de Defensa Sanitaria, que ampliaba la injerencia del Estado en casos de epidemia, a la vez que las principales ciudades mejoraban su infraestructura sanitaria, sobre todo la provisión de agua potable. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el uso de la penicilina y otros antibióticos permitió controlar muchas enfermedades infecciosas de alta mortalidad, como la tuberculosis. En 1956 una epidemia de poliomielitis, más intensa que la de 1942, afectó a 6.500 niños cuando la vacuna de Jonas Salk no llegó a tiempo. En tiempos más recientes hubo epidemias de enfermedades nuevas y reaparecidas, como la Gripe A, la pandemia que en 2009 que causó casi 700 muertes; el dengue en 2016; y el brote de hantavirus de 2018, una enfermedad letal trasmitida por un roedor que afecta sobre todo a la población rural. Por estos días el país soporta nuevos brotes de sarampión y dengue y la grave presencia de la pandemia de coronavirus, un fenómeno sin antecedentes que seguramente tendrá registro histórico.