La cumbre cordobesa de San Martín y Pueyrredón


“El 9 llegamos a ésta, es decir, en compañía de Cruz Vargas y Vera; nuestro viaje bien penoso por los fríos excesivos”, comentaba San Martín al diputado Tomás Godoy Cruz en carta fechada en Córdoba, el 16 de julio de 1816. San Martín, por entonces gobernador de Cuyo, había llegado desde Mendoza para entrevistarse en la capital cordobesa con Juan Martín de Pueyrredón, el Director Supremo designado por el Congreso de Tucumán, que por esos días regresaba desde el norte hacia la metrópoli.


“Ha dado el congreso el golpe magistral con la declaración de la independencia”, se congratulaba en la carta citada por la aliviadora buena nueva, y enseguida aludía a su apuro en regresar a Cuyo para continuar con la grande empresa en la que se hallaba empeñado: “En el momento que el Director me despache, volveré a mi ínsula cuyana: la maldita suerte no ha querido el que yo me hallase en mi pueblo para el día de la celebración de la Independencia. Crea usted que hubiera echado la casa por la ventana”, se lamentaba.


La entrevista estaba pautada para el día 12, pero el arribo Pueyrredón se demoraba más de la cuenta. “Es increíble lo mortificado que estoy con la demora del Director: la primavera se aproxima y no alcanza el tiempo para lo que hay que hacer”; así descargaba el Libertador su mal disimulada impaciencia con el diputado cuyano.


¿Y cuál era el objeto de la cumbre cordobesa que tan ansiosamente esperaba San Martín? Nada menos que lograr la aprobación del plan para libertar Chile y Perú que venía preparando desde 1814 y obtener el consiguiente apoyo para ponerlo en marcha; alternativo a la ruta del Alto Perú, que consideraba inviable: no en vano ya habían fracasado las tres expediciones militares que fueron despachadas entre 1810 y 1815. Sin embargo, en Tucumán y en el seno de la logia a la que ambos pertenecían había intenciones de organizar una cuarta que, por fortuna, Pueyrredón no


consintió, al menos hasta evaluar las ventajas que ofrecía el proyecto sanmartiniano. Para eso era la cita cordobesa: exponer los detalles de un plan que, si bien se venía ejecutando, hasta allí no era oficial; solo el empeño casi obsesivo de San Martín le daba impulso.


El encuentro entre ambos finalmente se concretó en casa de don Orencio Correas, en el barrio del Pilar de la capital cordobesa. La conferencia duró dos días y se acordaron los detalles de la campaña a emprender, que obtuvo el apoyo explícito del Director. El 22 de julio, San Martín, aún en Córdoba, reportaba a Tomás Godoy Cruz los resultados de la reunión: “Me he visto con el dignísimo Director, que tan acertadamente han designado ustedes. Ya sabe usted que no soy aventurado en mis cálculos, pero desde ahora les anuncio que la unión será inalterable, pues estoy seguro que todo lo va a transar. En dos días, con sus noches, hemos transado todo. Ya no nos resta más que empezar a obrar. Al efecto, pasado mañana partimos cada uno a su destino, con los mejores deseos de trabajar en la gran causa”.


Luego del abrazo de despedida, San Martín regresó a Mendoza a ultimar los detalles de la expedición y Pueyrredón a Buenos Aires, a ocupar la movediza poltrona directorial que lo esperaba. Los acuerdos alcanzados durante la conferencia se plasmaron positivamente en las siguientes semanas: el 1° de agosto, el gobierno decretó que la fuerza llevaría el nombre de Ejército de los Andes, y designó a San Martín general en jefe de la misma.


En los meses siguientes, partieron los aprestos: "Van los 200 sables de repuesto que me pidió. Van las 200 tiendas de campaña, y no hay más. Va el mundo, va el demonio, va la carne. Y yo no sé cómo me irá con las trampas en que quedo para pagarlo todo, a bien que, en quebranto me voy yo también para que usted me dé algo del charqui que le mando, y ¡carajo! No me vuelva usted a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado en un tirante de la Fortaleza", escribió, cumplido, Pueyrredón, el 2 de noviembre de 1816.

La gran hazaña sanmartiniana estaba en marcha.



Esteban Dómina | Escritor e historiador

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