Los cordobeses somos de derecha, de izquierda o qué

Según un informe de la consultora Delfos que se conoció hace poco, habría más cordobeses de derecha que de izquierda. La conclusión del estudio invita a intentar dilucidar el interrogante planteado en el título. Esteban Dómina.

Según un informe de la consultora Delfos que se conoció hace poco, habría más cordobeses de derecha que de izquierda. La conclusión del estudio invita a intentar dilucidar el interrogante planteado en el título.

“Ni una cosa ni la otra y ambas a la vez”, podría ser una primera respuesta que, aun cuando suena confusa y ambigua, no estaría tan errada si tenemos en cuenta el comportamiento cambiante de los cordobeses a lo largo de una historia signada por continuidades y rupturas.

Existe cierto consenso en que Córdoba es más bien conservadora, que más allá de la apariencia contestataria que suele lucir for export , subyace un mayor apego por los valores tradicionales y las conductas atávicas, antes que por la transgresión y el cambio. Una impronta ancestral que conecta con las viejas raíces hispánicas y la fuerte influencia de la Iglesia en los años fundacionales.

Uno de los primeros en “picarnos el boleto” fue Domingo Faustino Sarmiento, cuando asentó en su Facundo: “El espíritu de Córdoba hasta 1829 es monacal y escolástico; la conversación de los estrados rueda siempre sobre las procesiones, las fiestas de los santos, la profesión de monjas, recepción de las borlas de doctor (...) Córdoba no sabe que existe en la Tierra otra cosa que Córdoba...”.

Sin embargo, el decurso histórico de la provincia en el siglo XIX es claramente progresista. Luego del traspié inicial de 1810, fusilamientos incluidos, Córdoba se plegó a la causa independentista y, más tarde, estuvo alineada en el bando federal, opuesto al unitarismo de Bernardino Rivadavia y al centralismo porteño.

En 1852, luego de la batalla de Caseros, la dirigencia cordobesa jugó un papel relevante para apuntalar la Confederación Argentina enfrentada al porteñismo retrógrado, que finalmente se impuso. Los nombres de Juan Bautista Bustos y Santiago Derqui brillan de un lado, aunque del otro los hay de igual fuste, como José María Paz o Dalmacio Vélez Sársfield. Como se dijo, para todos los gustos.

Nueva contradicción. Ya sobre finales del siglo XIX, despuntó otra contradicción propia de los tiempos modernos: conservadores clericales versus conservadores liberales.

Esta vez, Córdoba replicó la matriz roquista que caracterizó a la Generación de 1880: una síntesis ecléctica del pensamiento conservador con las ideas liberales en boga. Del otro lado quedaron los sectores ultracatólicos, que dieron dura batalla contra las reformas civiles y, sobre todo, a la educación pública.

Entretanto, desde Europa llegaban barcos repletos de inmigrantes que portaban el embrión de la izquierda, definida ya en términos marxistas. Al mismo tiempo, surgía el radicalismo, una corriente democrática y plebeya que renegaba tanto de la derecha como de la izquierda.

Siglo 20 cambalache En las tres primeras décadas del siglo 20, demócratas (conservadores) y radicales se alternaron en el poder, repartiéndose casi por partes iguales la adhesión popular.

A este tiempo pertenece el episodio más resonante de factura local: la Reforma Universitaria de 1918, de claro signo progresista.

Amadeo Sabattini y Ramón J. Cárcano son las figuras más representativas de esa época, referentes ambas de corrientes políticas de cuño popular, alejadas del comunismo ruso y del nazi-fascismo en ascenso por esos días.

Sin embargo, las posturas fascistas que decoraron la revolución de 1930 tuvieron su expresión en Córdoba, uno de cuyos hijos dilectos, Leopoldo Lugones, fue el numen intelectual de la movida golpista.

En la década de 1940, la irrupción del peronismo alteró el mosaico tradicional. La primera década peronista en Córdoba tuvo de las dos cosas: progresismo durante la gestión del brigadier Juan Ignacio San Martín y conservadurismo antes y después. La llamada Revolución Libertadora, de claro signo reaccionario, se encendió en tierra cordobesa.

Después de 1955, se alternaron gobiernos civiles y de facto, pero siguió prevaleciendo la amalgama corporativa que conformó a la nueva derecha, la que mantuvo durante los años siguientes el control de instituciones tradicionales, como la Universidad y la Justicia, un importante medio gráfico que ya no existe y fuerte raigambre en las familias tradicionales cordobesas, siempre dispuestas a proveer mano de obra civil a los dictadores de turno. Sin embargo, también había de lo otro, y mucho.

Gran ruptura El Cordobazo de 1969 marcó el punto de ruptura más alto del modelo conservador. Fue la resultante del proceso de radicalización del estudiantado y concientización de la clase obrera, que dio lugar a la alianza emergente que protagonizó los sucesos de aquella jornada.

Ese mismo impulso contestatario se prolongó en 1973 con el gobierno de Ricardo Obregón Cano. La “patria socialista” duró apenas ocho meses: la intervención federal que le sucedió restauró el orden autoritario, que tuvo continuidad en la dictadura sanguinaria instaurada en 1976.

Durante los siete años siguientes, las fuerzas de derecha controlaron el poder y los sectores progresistas y de izquierda sufrieron un continuo retroceso, cuando no una represión brutal que descabezó a la Córdoba combativa de antaño.

Los nombres de Santiago Pampillón, Agustín Tosco y Atilio López, entre otros, corresponden a ese tiempo histórico, junto a los de Rogelio Nores Martínez, Luciano Benjamín Menéndez y Raúl Primatesta del otro lado del mostrador. Las dos caras de Córdoba.

La izquierda marxista tuvo relativo desarrollo en una provincia dominada por el bipartidismo; no gobernó nunca ni tampoco existe en Córdoba un socialismo vigoroso como el de Santa Fe.

Aquí y ahora Después de la restauración democrática de 1983, la Provincia tuvo cuatro períodos consecutivos de gobierno radical y va por el cuarto del ciclo peronista que le siguió. La impronta de los tres mandatos de Eduardo Angeloz, lo mismo que la de los tres del actual gobernador, es conservadora, o al menos alejada de cambios estructurales, golpes de timón o giros culturales profundos. No de derecha, pero mucho menos de izquierda; de centro, en todo caso.

El “que se vayan todos” de 2001 no fue suficiente para alterar la matriz tradicional bipartidista que parece haberse fortalecido tras las elecciones del año pasado. El boom sojero hizo su parte, sobre todo en el interior de la provincia, decretando el statu quo.

¿Qué somos entonces los cordobeses? Cada uno puede sacar sus propias conclusiones a la luz del sucinto recorrido histórico aportado sólo a manera de contexto.

Lo cierto es que no fuimos lo mismo siempre y, a su vez, en cada coyuntura hubo cordobeses en una y otra vereda.

Tal parece que hoy, según dice Delfos, hay más de un lado –el derecho– que del otro. Pero si es así, tal como vimos, no es para siempre.

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