Mario Pereyra, una voz histórica

Actualizado: hace 5 días


Era casi una profecía que moriría al pie del cañón, aferrado al micrófono hasta donde le fue posible. Su vida era eso, más allá de sus afectos íntimos. Estará ahora departiendo con tantos mujeres y hombres de esa y otras casas de radio que deleitaron a su público. 


Mario Pereyra. El histórico locutor falleció este domingo 01 de noviembre por la madrugada.


Las primeras eran a galena, después a válvulas, más tarde a transistores y, últimamente, en computadoras y teléfonos. Desde hace un siglo la radio está allí, bien cerca de los oídos de los argentinos, pero sobre todo de los corazones. Fue y es compañía de familias, amas de casa, enfermos, taxistas, trabajadores de todos los oficios y profesiones, estudiantes; en fin, de todos.


Y en ese mundo casi mágico, intangible, cada época tuvo sus voces emblemáticas, las que el gran público reconocía apenas pulsaba el dial, voces entrañables que se convirtieron en parte de la vida de cada oyente a la hora de la cita diaria. Gente de radio que se ganó un lugar en el imaginario colectivo a fuerza de buena garganta y cuerdas vocales privilegiadas, pero, sobre todo, gracias a la capacidad de llegar al corazón de las personas.


Mario Pereyra nació con ese don, predestinado a ser un animal de radio, en el sentido más virtuoso de la palabra. Y lo fue. Supo dilucidar con precisión de astrónomo el curso de las estrellas del éter, y lo desentrañó para ponerlo al alcance de su audiencia, que con el paso de los años fue creciendo a la misma tasa que la población mundial. 


No se guardaba nada, mandaba al aire sus ideas y pareceres sin pelos en la lengua. Y, por supuesto, no todos estaban de acuerdo; pero nadie se privaba de escucharlo, aun cuando lo negara. No hubo nada ni nadie que escapara de su dictamen filoso, incisivo, siempre dirigido al hueso. Legiones de seguidores incondicionales y ocasionales seguían con atención sus comentarios de cada día.


Sanjuanino de cuna, consumado experto en cordobesismo, no tardó en ganarse el favor de la difícil audiencia cordobesa. Y poco después fue artífice de un cuasi milagro: el de convertir a una radio cordobesa en una de las cadenas nacionales más escuchadas. Muchos naturalizamos tomar un taxi en Aeroparque y transitar hacia el centro porteño escuchando esa voz inconfundible, sin apreciar lo que ello significaba. 


Era casi una profecía que moriría al pie del cañón, aferrado al micrófono hasta donde le fue posible. Su vida era eso, más allá de sus afectos íntimos. Estará ahora departiendo con tantos mujeres y hombres de esa y otras casas de radio que deleitaron a su público. 


Buen viaje querido Mario, ya sos parte de la Historia. 


*Nota para el Diario La Voz del Interior


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