Combate de San Roque
- 21 abr 2021
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Actualizado: 21 abr 2021

Se lo suele presentar como un episodio meramente cordobés. Sin embargo, fue un acontecimiento con proyección nacional, que alteró el tablero polÃtico de su tiempo.
Abril de 1829. José MarÃa Paz invadió Córdoba para concretar el sueño que acariciaba desde la sublevación de Arequito, en 1820. Aquella vez, Juan Bautista Bustos le habÃa ganado de mano y se quedó con la gobernación, que ejerció durante los nueve años siguientes.
El Manco venÃa por el desquite al frente de un ejército de mil quinientos veteranos fogueados en la guerra con el Brasil, dirigidos por experimentados y prestigiosos oficiales como Román Deheza, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Pascual Pringles y Juan Esteban Pedernera, entre otros. Consciente de su inferioridad militar, Bustos abandonó la ciudad y se replegó con las tropas que alcanzó a reunir hacia el valle de Punilla, facilitando de ese modo el ingreso de Paz a la capital cordobesa, que se registró sin resistencia el 12 de abril de aquel año, aunque la recepción fue frÃa.
El siguiente paso del invasor fue desconocer la potestad gubernativa de Bustos y poner a un subalterno a cargo del gobierno. A su vez, una comisión de notables debÃa entrevistarse con el gobernador depuesto para convenir el reconocimiento a la nueva autoridad y, en lo posible, una transición pacÃfica. Caso contrario, habrÃa guerra.
Pese a la animosidad y desconfianza recÃproca de ambos lados, hubo un principio de acuerdo, plasmado en el pacto celebrado en Yocsina, el 17 de abril, Viernes Santo de aquel año 1829. Al dÃa siguiente, Bustos emitió una declaración, allanándose a encontrar una solución sin derramamientos de sangre. Dos dÃas más tarde, Paz emitió una proclama en la misma lÃnea, solicitando el apoyo de la población para mantener el orden.
Sin embargo, temeroso de la llegada de Facundo Quiroga y otros caudillos federales que concurrÃan en auxilio de Bustos, lo atacó por sorpresa antes de que se cumplieran los plazos acordados. La batalla se produjo el 22 de abril en la Hacienda de Fragueiro, en San Roque, a unas siete leguas de la ciudad de Córdoba. En un combate de rápido trámite, la astucia táctica de Paz, unida a la veteranÃa y profesionalidad de su ejército, doblegaron la resistencia de las tropas inexpertas de Bustos, devastadas por el fuego de artillerÃa y la ulterior carga de caballerÃa del enemigo. El vencido huyó hacia La Rioja, buscando el amparo de Facundo Quiroga.
El escenario cambió de repente: Juan Lavalle habÃa sido derrotado en Puente de Márquez por Estanislao López y Juan Manuel de Rosas, quedando sellado su ocaso polÃtico, en tanto que Paz lograba su objetivo; finalmente tenÃa a Córdoba en sus manos y se disponÃa a convertirse en el nuevo jefe del unitarismo para confrontar con Buenos Aires y el Litoral.
Sin embargo, el panorama interno de la provincia de la que se habÃa autoproclamado gobernador no se presentaba auspicioso, más bien todo lo contrario. A pesar de ser cordobés de cuna, no gozaba de simpatÃa general a raÃz de su cercanÃa con el partido unitario, muy desacreditado tras el fusilamiento de Manuel Dorrego. La campaña le era desafecta; apenas contaba con el apoyo de una parte de la elite urbana, supuestamente la más ilustrada.
No estaba dicha la última palabra. La página siguiente se escribirÃa ese mismo año en La Tablada. Pero esa es otra historia…