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Nicolás Avellaneda


Nicolás Remigio Aurelio Avellaneda murió el 25 de noviembre de 1885. Con 37 años de edad, fue el presidente de la República más joven que tuvo el país en toda su historia.


Nació en Tucumán el 3 de octubre de 1837. Su padre, Marco Avellaneda, era gobernador interino cuando Juan Lavalle recaló en esa provincia con lo que quedaba de su maltrecho ejército luego de la derrota de Quebracho Herrado. En Famaillá, sufrió una nueva derrota a manos de Manuel Oribe que obligó a Avellaneda padre a abandonar la provincia para salvar el pellejo, pero cayó en manos de Oribe y, tras una parodia de juicio, fue condenado a muerte. La sentencia se ejecutó en Metán, el 3 de octubre, el mismo día que Nicolás cumplía cuatro años, quien, junto a su madre, Dolores Silva, se hallaba camino a Tupiza, en Bolivia. La cabeza de su padre estuvo exhibida durante casi tres meses en San Miguel de Tucumán.


En 1850, se trasladó a Córdoba, donde fue alumno del Colegio Nuestra Señora de Monserrat y de la antigua Universidad de San Carlos; allí cursó la carrera de Derecho que completaría más tarde en la Universidad de Buenos Aires. En 1856 regresó a Tucumán e incursionó en el periodismo; al año siguiente se radicó en Buenos Aires, donde, ya recibido, trabajó de abogado y volvió a desempeñarse como periodista, aunque ya despuntaba el político de pensamiento liberal, aunque no unitario. En 1861 resultó electo para integrar la Legislatura provincial: con sus 23 años, barba tupida y baja estatura, se codearía con personajes rutilantes del momento vivido antes y después de Pavón.


Ese mismo año conoció a Carmen Nóbrega. Convencido de que había hallado la mujer de su vida, escribía a su madre contándole que Carmen "es buena, tiene el más bello de todos los caracteres", a la vez que le hacía notar que “pudiendo figurar en el mundo del ruido y de las fiestas, siempre ha llevado una vida modesta y retirada”. Se casaron ese mismo año, en la iglesia de San Ignacio. Nueve de sus hijos alcanzaron la edad adulta.


Fue reelecto como diputado hasta que, en 1866, pasó a formar parte del gabinete del gobernador Adolfo Alsina hasta que, un par de años después, el presidente Domingo F. Sarmiento lo convocara para ocupar el ministerio de Justicia e Instrucción Pública. Durante su gestión se fundaron las primeras escuelas normales para la formación de maestros, se agregaron 800 escuelas al millar ya existente y se triplicó la cantidad de alumnos en el país.


Por entonces, las candidaturas se dirimían en cenáculos de los que sólo participaba la elite de la época. Llegada la hora, Avellaneda, candidato del Partido Autonomista Nacional, contó con el apoyo de Sarmiento, Alsina y Julio Argentino Roca, entre otros. Su principal oponente, Bartolomé Mitre, quería volver a ocupar el sillón presidencial y desconoció el resultado electoral. Denunció fraude y promovió una revolución que dio lugar a enfrentamientos armados hasta que el 2 de diciembre de 1874 se rindió en Junín.


Entretanto, el 12 de octubre, Avellaneda había asumido la presidencia de la República con 37 años recién cumplidos. Debió afrontar la crisis económica reinante y la estrechez de las finanzas públicas, una situación que se revirtió bajo los auspicios del modelo agroexportador. En su gabinete alternaron los referentes más connotados de la política. Durante su mandato continuó el tendido de la red ferroviaria y se incrementó el flujo de inmigrantes que cobró fuerte impulso tras la sanción de la Ley de Inmigración y Colonización en 1876. Para frenar los malones y extender la frontera, se implementaron acciones como la llamada zanja de Alsina y, más tarde, la campaña al desierto encabezada por Julio A. Roca, ambos ministros de su gobierno.


La espinosa “cuestión capital” —la federalización de la ciudad portuaria— seguía pendiente. El conflicto con la provincia de Buenos Aires estalló en 1880 y el Congreso debió mudarse a Belgrano, hasta que, tras la derrota del gobernador Carlos Tejedor, Buenos Aires se convirtió en Capital Federal.


Concluido su mandato, ocupó una banca en el Senado entre 1882 y 1885 y fue rector de la Universidad de Buenos Aires. Tuvo activa participación en la sanción de la primera Ley universitaria y en el proyecto convertido en Ley de Educación N° 1597, llamada “Ley Avellaneda”.


Su salud no era buena. Le habían diagnosticado la llamada enfermedad de Bright, una severa disfunción renal. En 1885, viajó a Francia acompañado por Carmen para consultar a especialistas que no le dieron mayores esperanzas. Murió durante el regreso, en alta mar, el 25 de noviembre de 1885, en brazos de su esposa. Tenía 48 años.


El presidente Julio Argentino Roca decretó ocho días de duelo nacional y fue despedido con todos los honores. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta.

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