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Vicepresidentes argentinos

  • Foto del escritor: Esteban Dómina
    Esteban Dómina
  • 29 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

En un país presidencialista como la República Argentina, el vicepresidente de la Nación tiene una importancia relativa. La Constitución Nacional no le fija ninguna función específica, salvo la titularidad del Senado de la Nación. Desde la eliminación del Colegio Electoral es electo por la misma cantidad de votos que el titular del Poder Ejecutivo y cuando lo reemplaza tiene las mismas facultades que este.



Tal vez por ese diseño supletorio, pocos vicepresidentes son recordados, salvo aquellos que por distintos motivos pasaron a ser presidentes en ejercicio o protagonizaron situaciones conflictivas. Y algo más: ninguno resultó electo presidente luego de su mandato. Veamos una sucinta reseña histórica.

El primer vicepresidente, el de Justo José de Urquiza, fue Salvador María del Carril, un sanjuanino de pasado unitario. El segundo, cuando Santiago Derqui presidía la Confederación Argentina, fue Juan Esteban Pedernera, un militar puntano comprometido con la causa federal. Marcos Paz ocupó la presidencia mientras el presidente Bartolomé Mitre guerreaba en el Paraguay. Murió víctima del cólera antes de completar su mandato. El bonaerense Adolfo Alsina acompañó a Domingo F. Sarmiento, quien le habría espetado la caustica frase: “Usted no se meta en mi gobierno y limítese a tocar la campanilla del Senado”. El de Nicolás Avellaneda fue Mariano Acosta y el de Julio Argentino Roca, Francisco Madero.

Cuando la revolución de 1890 desestabilizó a Miguel Juárez Celman, le tocó a su compañero de fórmula, Carlos Pellegrini, cubrir el momentáneo vacío de poder y la crisis heredada. El vicepresidente que le siguió, el salteño José Evaristo Uriburu, también tuvo la chance de gobernar tras la renuncia de Luis Sáenz Peña. El siguiente, durante la segunda presidencia de Roca, fue Roberto Quirno Costa quien, con semejante número uno, tuvo bajo perfil. Y luego alguien que saltaría a la fama a raíz de la muerte del titular: José Figueroa Alcorta, el vicepresidente cordobés que sucedió a Manuel Quintana. En el turno siguiente Victorino de la Plaza debió reemplazar a Roque Sáenz Peña, quien falleció poco después de sancionarse la ley electoral que lleva su nombre.

Hipólito Yrigoyen fue secundado por el riojano Pelagio B. Luna, quien guardó las formas. Lo mismo que Elpidio González, vice del también radical Marcelo T. de Alvear en el período siguiente, y Enrique Martínez, el cordobés que secundó a Yrigoyen en su segunda presidencia, truncada por el golpe de Estado de 1930. Martínez cubrió la vacante producida por la muerte del vicepresidente electo Francisco Beiró.

La primera fórmula de la Concordancia —la alianza conservadora que gobernó durante la llamada “década infame”— fue la que integraron Agustín P. Justo y Julio A. Roca (h), firmante del célebre pacto con Walter Runciman, el encargado de negocios británico. La segunda, Roberto Ortiz y Ramón Castillo, un conservador catamarqueño a quien la revolución de 1943 encontró en el sillón de Rivadavia tras la renuncia del titular, un radical antipersonalista que falleció al poco tiempo.

En 1946, Juan Domingo Perón llevó como compañero de fórmula a Hortensio Quijano, un veterano dirigente de origen radical, después de sondear sin éxito a Amadeo Sabattini. Tras la reforma constitucional de 1949 que habilitó la reelección, un multitudinario Cabildo Abierto en la avenida 9 de Julio de Buenos Aires proclamó a Eva Duarte compañera de fórmula de Perón. Pero los militares la vetaron y ella renunció a postularse, de modo que la boleta ganadora incluyó nuevamente a Hortensio Quijano, cuya muerte derivó en un hecho sin precedentes: un llamado a comicios para el solo fin de cubrir la vacante que llenó el marino Alberto Teisaire.

Después de 1955, los vices duraron poco, lo mismo que los presidentes. El de Arturo Frondizi, Alejandro Gómez, renunció al cabo del primer año. Cuando los militares apartaron al presidente, el titular provisional del Senado, José María Guido, juró a las apuradas para asumir la primera magistratura. El segundo de Arturo Ilia fue Carlos Perette, entrerriano de cuna, derrocados ambos por el golpe de Estado de 1966.

Las elecciones de 1973 dieron el triunfo a la dupla Héctor J. Cámpora – Vicente Solano Lima, renunciantes al cabo de 49 días para despejar el camino a la fórmula Perón – Perón, que en septiembre de ese año arrasó en las urnas. El líder peronista murió en 1974 y su viuda, María Estela Martínez, asumió la presidencia hasta marzo de 1976.

Recuperada la república, desde 1983 en adelante, la saga de vicepresidentes contemporáneos incluye a: Víctor Martínez, Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf, Carlos Álvarez, Daniel Scioli, Julio Cobos y Amado Boudou (imagen). La renuncia temprana de Carlos “Chacho” Álvarez fue el certificado de defunción política de la endeble Alianza que llevó a Fernando De la Rúa a la presidencia. Julio Cobos, vice de Cristina Fernández de Kirchner, saltó a la fama merced a su legendario voto “no positivo”, broche de oro del largo conflicto del gobierno con el campo. Le siguió Boudou, recordado por los affaires judiciales que más tarde lo llevaron a prisión.

En tiempos recientes, la vicepresidencia recayó sucesivamente en tres mujeres: Gabriela Michetti, Cristina Fernández y la actual, Victoria Villarruel.

 

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