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Borbones de ayer y de hoy

Actualizado: 14 de dic de 2019

El rey de España Felipe VI pertenece a la Casa de Borbón, lo mismo que Fernando VII, el de 1810. En medio, casi 210 años de historia. La real visita invita a recorrer someramente cómo fueron las relaciones entre Argentina y España a lo largo del tiempo.

Pese a que la Revolución de Mayo reemplazó al virrey por una junta porteña, se siguió reconociendo la autoridad del rey Fernando VII, pese a que estaba privado de ejercerla. En 1815, Bernardino Rivadavia y Manuel Belgrano fueron comisionados a Europa a presentar los saludos al monarca repuesto en el trono luego de la debacle napoleónica y entablar negociaciones paralelas con el padre de este, Carlos IV. Nada de todo eso llegó a buen puerto.

Recién en 1816 se declaró la independencia de las Provincias Unidas, cuando la guerra llevaba ya seis años y siguió todavía otros ocho, hasta 1824. Sin embargo, España se tomó casi 40 años para reconocer la independencia argentina: el Tratado de Reconocimiento, Paz y Amistad se firmó en Madrid el 21 de septiembre de 1863. Reinaba Isabel II, también de la Casa de Borbón.

La inmigración española fue cuantiosa. A fines del siglo 19 y comienzos del 20 sucesivas camadas de hijos de España se sumaron a quienes residían aquí desde la época colonial. La diáspora que disparó la Guerra Civil en la década de 1930 aumentó esa colectividad, cuya fuerte presencia fecundó los usos y costumbres locales, influyendo en la matriz cultural argentina.

En 1910, con motivo de los fastos del Centenario, el rey Alfonso XIII faltó a la cita pero envió a su tía, la infanta Isabel de Borbón y Borbón, la presencia extranjera más significativa que registró el evento.

La prolongada etapa franquista (1936-1975) privó a España de reyes en ejercicio. Sobresale en ese período la ayuda humanitaria dispuesta por el primer gobierno peronista —barcos cargados de trigo— y la visita a la península de la primera dama, Eva Perón, en 1947. En 1960, Juan Domingo Perón eligió ese país para radicarse, donde permaneció hasta 1973 junto a su tercera esposa, María Isabel Martínez, quien, a su vez, reside en Madrid desde 1981.

El rey Juan Carlos I de Borbón —padre de Felipe VI— visitó seis veces la Argentina. La primera, en noviembre de 1978, recibido por Jorge Rafael Videla, a quien distinguió con el Collar de Isabel la Católica. Fue cuando le robaron la capa a la reina Sofía. Cuatro años después, la posición de España frente a la guerra de las Malvinas, a diferencia del resto de países europeos, fue proargentina, impulsada por el conflicto que a su vez mantenía —y mantiene— con el Reino Unido por Gibraltar.

La segunda visita fue durante la presidencia de Raúl Alfonsín, en 1985. La tercera, en 1995, con motivo de la V Cumbre Iberoamericana en San Carlos de Bariloche. Durante esa década España jugó fuerte en la política de privatizaciones impulsada por el gobierno de Carlos Menem, desembarcando en rubros claves de la economía de la mano de Repsol, Telefónica, Iberia y varios bancos.

Mientras, el juez español Baltasar Garzón —hoy caído en desgracia— impulsaba en su país cargos contra represores argentinos por la desaparición de ciudadanos españoles durante el Proceso, logrando la condena de Adolfo Scilingo en la causa de los llamados vuelos de la muerte

La cuarta visita fue el año 2003, durante la presidencia de Néstor Kirchner, quien la retribuyó al año siguiente, en una de sus escasas salidas al exterior. Ese mismo año, el rey Juan Carlos retornó a la Argentina con motivo del III Congreso de la Lengua Española realizado en Rosario.

En diciembre de 2010, visitó Mar del Plata para asistir a la XX Cumbre Iberoamericana donde compartió el estrado con Cristina Fernández de Kirchner y otros mandatarios. En esa oportunidad recordó a Néstor Kirchner, recientemente fallecido: "Tengo un recuerdo de afecto a quien fuera presidente de la Nación Argentina, cuya dedicación al progreso de este país fue total". Igual, las relaciones bilaterales fueron algo tensas durante la etapa kirchnerista.

En las últimas décadas hubo una suerte de inmigración inversa, que engrosó la de por sí numerosa comunidad argentina en España.

El VIII Congreso Internacional de la Lengua Española brindó la ocasión para una nueva visita. La pareja real pisó suelo argentino mientras el presidente de México Andrés López Obrador reclamaba disculpas por los excesos de la conquista. La recepción oficial en Buenos Aires fue pletórica de cordialidad, incluida la presencia de efectivos luciendo uniformes de la época de la guerra de independencia, vaya paradoja. El monarca retribuyó la hospitalidad del gobierno argentino manifestando que “España apoya todos los programas de reforma que están en marcha”.

En esta ocasión le tocó a Córdoba ser la anfitriona de los reyes, una provincia donde las raíces españolas están presentes, lo mismo que los descendientes de Jerónimo Luis de Cabrera y sus acompañantes. Una provincia donde la Revolución de Mayo sufrió un traspié temprano que derivó en que la primera sangre, antes de la guerra de independencia, corriera en esta tierra: la de los fusilados en Cabeza de Tigre. Volteretas de la historia.