"Hijos de" en la historia argentina



Un rasgo común del paisaje político suele ser la presencia de hijos e hijas de personajes destacados que tuvieron actuación pública —incluso de presidentes— en el pasado reciente.


Sin embargo, no es un fenómeno nuevo, sino que se repite a largo de la historia argentina desde sus orígenes, algo que también ocurre en otras partes, como el caso de Luis Lacalle Pou, actual mandatario del Uruguay, o George W. Bush en los EE.UU.


En efecto, en cada etapa histórica, aparecen miembros de una segunda generación cuyos progenitores —padres o abuelos— fueron protagonistas en su respectiva época. Claro que no todos esos vástagos tuvieron la misma incidencia o brillaron como sus ancestros, pero por distintas razones o circunstancias su paso por este mundo quedó registrado, incluso por méritos propios además del parentesco. Ese legado patronímico en algunos casos suele dar pie a la descalificación de “portadores de apellido”, no siempre justa, ya que ser familiar de alguien notable no impide incursionar en la misma disciplina, sea cual fuere.


Veamos algunos ejemplos. Si se toma como punto de partida la Revolución de Mayo, aparecen los primeros: Ángela y Pedro Castelli, por caso, hijos del fogoso vocal de la Primera Junta y de María Rosa Lynch. Marianito Moreno, el infante que quedó al cuidado de su madre, Guadalupe Cuenca, tras la muerte temprano de su padre. Vicente Fidel López, retoño de Vicente López y Planes, autor del Himno Nacional y de vasta trayectoria posterior. Bernardino Rivadavia tuvo con Juana Del Pino —hija a su vez de un virrey— tres varones que de los que se conserva registro, José Joaquín, Bernardino y Martín, padre a su vez del comodoro cuyo nombre lleva una importante ciudad austral. Carlos María de Alvear, cuyo apellido mantuvieron en pie su hijo Torcuato y su nieto Marcelo Torcuato.


Los guerreros de los tiempos de la independencia no se quedaron atrás. Mercedes Tomasa, la hija de José de San Martín y Remedios Escalada, encabeza la saga de descendientes de altos protagonistas de ese tiempo, junto a Manuela Mónica y Pedro Pablo, hijos de Manuel Belgrano. Miguel Güemes y Puch, hijo del general salteño, fue gobernador de Salta; en tanto que Elisa Brown, la hija del almirante tuvo un trágico final. Y más acá en el tiempo, Lucio Victorio Mansilla, hijo de Lucio Norberto, héroe de la Vuelta de Obligado.


La etapa que siguió a la primera hora patria aporta más nombres: Manuelita, la glamorosa hija de Juan Manuel de Rosas que eclipsó a su hermano Juan Bautista; Dominguito, el hijo de Domingo Faustino Sarmiento que pereció en la guerra del Paraguay; la vasta descendencia de Justo José de Urquiza, que la tradición oral eleva a cifras récord; Aurelia Vélez, la empoderada hija de Dalmacio Vélez Sarsfield que mantuvo un romance con Sarmiento. Nicolás, hijo de Marco Avellaneda, asesinado en 1841, fue uno de los primeros presidentes.


Ya en la etapa de la organización nacional aparecen hijos de presidentes, algunos con actuación pública: un par de los seis de Bartolomé Mitre y Delfina Vedia; Julito (imagen), el descendiente de Julio Argentino Roca que fue gobernador de Córdoba y vicepresidente de la Nación; Roque, el hijo de Luis Sáenz Peña que también ocupó la presidencia; y otros cuyo padre no les dio su apellido, tal el caso de Hipólito Yrigoyen. Marcelo T. de Alvear y Juan Domingo Perón no dejaron descendientes, pese a que Marta Holgado reclamó sin éxito la paternidad del segundo.


Hay otra lista dolorosa. La violencia del pasado no tan lejano dejó su huella: desde Susana Valle, hija del general fusilado en 1956, pasando por Claudia Rucci, hija del secretario general de la CGT asesinado en 1973 y de los descendientes de víctimas de la dictadura agrupados en H.I.J.O.S.


Actualmente, algunos miembros de la prole de presidentes fallecidos de la democracia recuperada en 1983 tienen alto perfil: tal el caso de Ricardo Alfonsín, Zulema Menem y Máximo Kirchner.


Lo anterior es apenas una lista sucinta e incompleta de los casos más conocidos de la historia argentina que dan cuenta de que, en muchos casos, los herederos de apellidos famosos mantuvieron vivo el linaje.

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