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La usurpación de las Islas Malvinas


El 3 de enero de 1833 la corona británica usurpó las islas Malvinas.

En 1810, al tiempo de la Revolución de Mayo, el archipiélago formaba parte del legado colonial y como tal quedó bajo la jurisdicción del nuevo gobierno patrio. En 1811 las islas se despoblaron y la guarnición de la isla Soledad se trasladó a Montevideo, requerida por el virrey Elío.


Los sucesivos gobiernos tuvieron en cuenta en diversos actos administrativos a las islas Malvinas, consideradas parte integrante del territorio heredado de España por sucesión de Estados, según el principio universalmente aceptado de Uti possidetis iure. En agosto de 1816, José de San Martín envió una carta al gobernador de San Juan, solicitando la liberación de prisioneros que se encontraban en Carmen de Patagones y en Malvinas (Colonia penal de San Carlos) para sumarlos al Ejército de los Andes.


En 1820 el Directorio comisionó a David Jewett —corso norteamericano al servicio de las Provincias Unidas— con su embarcación "La Heroica" a tomar posesión de las islas, a nombre del Supremo Gobierno de las Provincias Unidas. El 6 de noviembre de ese año, en Puerto Soledad, sobre las ruinas de la antigua fortificación, se enarboló por vez primera la bandera nacional, disparándose una salva de 21 cañonazos. La Junta de Representantes de Buenos Aires sancionó la ley de caza y pesca para evitar la matanza masiva de anfibios —lobos, ballenas y focas— y de ganado cimarrón.

En 1823 se le concedió a Luis María Vernet y Jorge Pacheco la explotación de recursos de las islas según decreto firmado por el gobernador Martín Rodríguez y el ministro Bernardino Rivadavia.


En 1829 se designó a Vernet comandante político y militar del archipiélago: “El Gobierno de Buenos Aires, habiendo resuelto por decreto de esta fecha que las Islas Malvinas, adyacentes al Cabo de Hornos en el mar Atlántico sean regidas por un comandante político y militar y teniendo en consideración las calidades que reúne Don Luis Vernet, ha tenido a bien nombrarlo, como por el presente lo nombro, para el expresado cargo de Comandante Político y Militar de las islas Malvinas, delegando en su persona toda la autoridad y jurisdicción necesaria al efecto”. Firmado: Martín Rodríguez. Salvador M. del Carril. 10 de junio de 1829

Vernet, por su parte, asentó su compromiso de “establecer una colonia, dentro de tres años, de la concesión del permiso, quedando bajo la inmediata obediencia del gobierno de Buenos Aires, lo mismo que los colonos serán tratados como ciudadanos de la República y gozarán los mismos derechos”.


Lo que siguió fue el ejercicio pleno de la soberanía, la consiguiente ocupación del territorio y la colonización que le siguió. Además de Puerto Soledad, Vernet fundó dos pueblos más: Rosas y Dorrego. El censo arrojó 100 pobladores, incluidos el contingente de gauchos e indios que revistaban como peonada de las estancias.


Todo parecía estar en orden. Sin embargo, en 1831 se registró un incidente con la fragata estadounidense USS Lexington, en tanto que el 2 de enero de 1833 arribó la fragata de guerra británica HMS Clio, al mando del capitán John James Onslow, quien comunicó al jefe argentino que venía a retomar la posesión de las islas en nombre del Reino Unido. El capitán de la goleta Sarandí, José María Pinedo, dada la evidente superioridad militar de los invasores, optó por embarcar a sus hombres y retornar al continente. Al día siguiente, 3 de enero, desembarcaron las fuerzas británicas, izaron su pabellón y arriaron el que había dejado Pinedo. La Clío se retiró dejando a William Dickson a cargo.


Cabe preguntarse por qué Gran Bretaña, que desde 1774 pareció olvidarse de las Malvinas, volvía a interesarse por ellas. Posiblemente el interés de los EE.UU. los puso en alerta y además para esa época adquiría singular importancia la colonización de Australia y Tasmania, lo que convertía a Malvinas en una base estratégica en los mares australes. Lo cierto es que el acto de fuerza británico fue una flagrante violación del derecho internacional de la época.


El embajador argentino en Londres, Manuel Moreno, presentó el 17 de junio de 1833 formal protesta ante el Foreign Office donde exponía los derechos de soberanía, basados en la propiedad y ocupación por España de las islas. La corona británica la desestimó, anexando el archipiélago como territorio colonial. Le siguieron otras tres protestas entre1841 y 1842, que corrieron la misma suerte de la primera.


Gobernaba Juan Manuel de Rosas. Según la versión revisionista, el gobernador de Buenos Aires no consintió la ocupación, sino que habría tratado de recuperar las islas mediante un ardid diplomático, ofreciéndolas forma extraoficial en transacción por el empréstito Baring para que, en caso de ser aceptado dicho ofrecimiento, fuera rechazado por la Legislatura provincial, pero quedaría el reconocimiento inglés sobre los derechos de la provincia”.


El gaucho Antonio Rivero lideró la sublevación de agosto de 1833 que ultimó a Mathew Brisbane y a Juan Simón, quienes ejercían la autoridad territorial, y a otras tres personas, entre ellas Dickson. En 1834 Rivero y los otros fueron aprehendidos y llevados a Inglaterra para ser juzgados. Fueron devueltos a Buenos Aires sin sentencia.


Hasta el presente las Malvinas siguen usurpadas, pero son argentinas y el reclamo sigue en pie.

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