Madres en la historia argentina

La historia argentina registra la presencia de madres emblemáticas y progenitoras de vástagos célebres que vale la pena recordar como homenaje en su día.


En la primera hora patria sobresale Mariquita Sánchez, una dama empoderada que puso impronta femenina a ese momento histórico fundacional y tuvo ocho hijos; cinco con Martín Thompson, su primer marido, y otros tres con Washington de Mendeville, el segundo.


La guerra de la Independencia contó con heroínas como Juana Azurduy, la patriota que perdió a cuatro hijos en medio de los avatares de la guerra en el Alto Perú. Poco antes de que mataran a su esposo Manuel Padilla, tuvo una quinta hija. Sin olvidar a María Remedios del Valle, la afrodescendiente que Manuel Belgrano nombró capitana del ejército y que también perdió a sus hijos en batalla.


Magdalena de Goyechea y de la Corte, madre de Martín Miguel de Güemes y de Macacha, apoyó incondicionalmente a sus hijos que abrazaron la causa independentista. Luego de la muerte del primero siguió proveyendo sostén económico al ejército gaucho. Algunos personajes históricos perdieron tempranamente a su madre, como Bernardino Rivadavia, aunque como se acostumbraba en ese tiempo, su padre volvió a casarse con una dama con quien Bernardino no se llevaría nada bien.


En el caso de José de San Martín hay quienes plantean la hipótesis de que su madre biológica no fue Gregoria Matorras, como consta en la biografía oficial del Libertador, sino una mujer guaraní. Su esposa, Remedios Escalada, madre de Merceditas, la “infanta mendocina”, es otra figura icónica en la saga de madres recordadas.


Juan Manuel de Rosas ansiaba casarse con Encarnación Ezcurra, pero había un problema: su madre, Agustina López Osornio, no aprobaba esa elección. Los novios apelaron a un ardid para que Agustina creyera que Encarnación estaba embarazada, y no tuvo más remedio que aprobar el casorio de mala gana, pero igual la relación con su hijo ya no fue la misma.


Las hubo tenaces, como Tiburcia Haedo de Paz, quien se propuso que su hijo José María, preso en Santa Fe, no moriría soltero. Bregó hasta que le permitieron visitar al cautivo y, cuando llegó la hora, se presentó acompañada por Margarita Weild, la sobrina veinteañera del general manco, y el matrimonio se consumó en el sórdido calabozo santafesino. Margarita también fue madre y murió tras el último parto.


En el catálogo de madres abnegadas sobresale la de Domingo Faustino Sarmiento: Paula Albarracín. En “Recuerdos de Provincia”, el ilustre vástago evoca a su madre consagrada a las labores domésticas y la educación de su prole, incansable, meciendo el telar bajo la sombra de la higuera en el patio familiar (imagen).


Hubo madres que la pasaron mal en tiempos de unitarios y federales, como la progenitora de Juan Facundo Quiroga, quien no olvidaría que Gregorio Aráoz de Lamadrid la humillara, paseándola encadenada por las calles riojanas. Así se lo hizo saber al general unitario años más tarde, cuando se dio la situación inversa y le enrostró que le devolvía a la madre de sus hijos sana y salva.


La madre de Hipólito Yrigoyen, Marcelina Alem, era hermana de Leandro N., hijos ambos de Leandro Antonio Alen, un mazorquero que fue ejecutado en la plaza pública tras la batalla de Caseros. Se dice que los descendientes del malogrado rosista cambiaron la “n” del apellido por una “m” para borrar ese pasado desgraciado.


El fundador de otro movimiento popular y tres veces presidente de los argentinos, Juan Domingo Perón, tuvo una madre de linaje originario, Juana Sosa, descendiente de tehuelches. Ese origen materno y el hecho de que sus padres no estuvieran casados al tiempo de su nacimiento le complicaron al joven Perón el ingreso al Colegio Militar de la Nación.


Ernesto “Che” Guevara tuvo una progenitora con linaje aristocrático: Celia De la Serna, descendiente de virreyes. Liberal y culta, dejó su impronta en la personalidad transgresora de su hijo, con quien mantuvo una entrañable relación a la distancia hasta la su muerte, en 1965. Algo parecido ocurrió con la influencia que el eximio escritor Jorge Luis Borges recibió de su madre, Leonor Acevedo Suárez, una mujer vital y dominante que tuvo intensa gravitación en la vida personal y la carrera literaria de su hijo.


Las madres e los Héroes de Malvinas, que vieron partir a sus hijos a una guerra de las que muchos no volvieron. En 1977, en plena dictadura, un grupo de mujeres, tocadas con pañuelos blancos, reclamaban cada jueves por la suerte de sus hijos, cuyo paradero desconocían tras haber sido detenidos y desaparecidos. “Madres de la plaza”, se les llamó, y cobraron merecida fama y respeto universal por ser capaces de ligar el amor materno a la denuncia del terrorismo de Estado.


Son apenas algunas madres cuyos nombres sobrevivieron a la invisibilidad; lamentablemente el nombre de muchas otras se perdió en el olvido. Vaya esta modesta reseña como homenaje a todas ellas. ¡Feliz día!

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